MATCH
POINT
ARIT ART GALLERY
Buenos Aires . Argentina
Inauguración Exposición
15 Octubre 2026
ENTREVISTA
Milián / Gaztelu
El 15 de octubre de 2026 se inaugura en Buenos Aires Match Point, la primera gran exposición internacional de Xabi Gaztelu en Argentina.
La muestra coincide con la apertura de Arit Art Gallery, un nuevo espacio llamado a ocupar un lugar destacado en el circuito del centro porteño.
En esta conversación, el artista repasa el origen de la serie, su método de trabajo y su manera de entender la pintura.
El título de la muestra remite a Match Point, el film de Woody Allen. ¿Por qué esa película?
Por su secuencia inicial, que explica de forma gráfica y directa hasta qué punto la vida depende de la suerte. La pelota de tenis golpea la red y queda suspendida en el aire; la imagen se congela y el resultado del partido queda en manos del azar. Si cae a un lado, ganas; si cae al otro, pierdes.
Esa escena funciona como una analogía de la pintura. También en el lienzo acertar o fallar se decide en un instante preciso, en el que el instinto y la suerte son fundamentales: así puede salir un gran cuadro o un completo desastre. Y lo mismo ocurre con la manera superficial en la que entendemos el éxito: el aplauso mundano o la más terrible indiferencia.
El artista verdadero vive siempre al filo de ese abismo. Si aspira a resultados interesantes, no le queda otra que cruzar esa línea: enfrentarse al lienzo y a sí mismo, en una huida hacia adelante, jugándosela continuamente.
Por eso el riesgo y el instinto son esenciales, y hay que aprender a romper la baraja una y otra vez. Eso convierte la pintura en un juego de avances y retrocesos muy adictivo, una búsqueda continua del equilibrio que podría abrir caminos nuevos e impredecibles.
Match Point continúa Playground, tu exposición anterior en el Museo de Durango. ¿Qué hilo las une?
La idea fundamental es producir familias de cuadros en forma de secuencia y desdoblamiento: que unos sigan a otros y que el recorrido visual se parezca al encadenamiento de fotogramas en una película. Que la mirada y la imaginación se den la mano, y que el espectador pueda pasear por la exposición viendo cómo las tintas saltan de un cuadro a otro. Busco que todas las obras se encadenen entre sí y formen un conjunto que sea, a su vez, una sola obra interconectada, como las conexiones neuronales o las partituras musicales.
Si lo logro, todo debería fluir con naturalidad: los cuadros deberían funcionar tanto aislados como en dípticos, trípticos o conjuntos múltiples, y enlazar también con exposiciones futuras.
La protagonista sigue siendo la pintura en si misma: su movimiento, su soltura, los hallazgos técnicos y estéticos, y la posibilidad de relacionar todos los cuadros como una obra total.
El espectador conserva la libertad de interpretarla a su gusto y criterio. Si hay suerte, la muestra despertará rincones de su propia imaginación, como cuando una frase de un libro nos transporta a otro mundo —el nuestro—, que ya nada tiene que ver con el argumento, pero que sin esa lectura nunca se habría desencadenado.
COMENTARIO DE MARÍA MILIÁN, CURADORA
Lo que Gaztelu llama «familias de cuadros» es, en rigor, una poética de la serie. Sus obras no se agotan en el marco: piden ser leídas en secuencia, en espejo, en contrapunto, del mismo modo que el oído enlaza las frases de una partitura. Por eso el montaje de Match Point en Arit se ha pensado por pares —cada obra junto a su doble—, para que el desdoblamiento que el artista persigue en el taller se complete en el espacio y en la mirada de quien recorre la sala.
Dices que Match Point tiene múltiples significados. ¿Cuál te gustaría que el público descubriera?
Uno de ellos es que los cuadros funcionen como detonantes de imágenes en la mente del espectador. Desde su abstracción y su conexión musical pueden sugerir todo tipo de visiones, a modo de ensoñación: fondos marinos, paisajes en continua transformación etc.
Pueden acompañar al espectador mientras recorre la muestra, y ayudarlo a entrar en sus propios pensamientos y a sentir emociones, igual que cuando escucha su música preferida.
¿Son fundamentales los textos para comprender tu obra?
Depende del espectador. Para la gran mayoría bastará con vivir la experiencia y conectar con las obras, igual que ante un fragmento de la naturaleza.
Lo ideal sería que los textos fueran innecesarios o que, al menos, funcionasen como un trampolín más: una lectura rápida para entrar en un mundo nuevo de imágenes y, una vez comprendida la idea básica, dejarlos atrás.
¿Cómo podríamos interpretar estas obras?
El arte es ya, en sí mismo, un lenguaje universal que se explica por sí solo, como la música. Aun así, estas obras admiten multitud de lecturas, desde las más sencillas o estéticas hasta las más profundas y psicológicas. Son cuadros que nunca se terminan: siempre puedes volver a ellos y descubrir algo que pasó inadvertido en la primera lectura.
Hay cuadros en espejo, que transmiten la dualidad, la multiplicación, la idea del doble y el desdoblamiento de la personalidad, la idea de infinito. A partir de un solo boceto podría crear una secuencia y tratar de multiplicarla hasta donde me lleve, en cadenas cortas, medias o largas, variando colores y formas para transmitir emociones distintas, como una melodía musical que atraviesa las cuatro estaciones.
COMENTARIO DE MARÍA MILIÁN, CURADORA
En la obra de Gaztelu la multiplicidad no es un recurso decorativo, sino un principio constructivo: cada serie termina donde el artista decide detenerla, y de su último eslabón nace la siguiente. El mecanismo recuerda la intuición de Balzac cuando descubrió que sus personajes podían pasar de una novela a otra y dar forma a una obra total e interconectada.
En un momento en que muchas trayectorias se vuelven previsibles —sabemos de antemano qué exposición vamos a encontrar—, Gaztelu apuesta por la sorpresa sin renunciar al rigor del oficio. Su formación recorre desde el dibujo académico hasta la pincelada más expresiva, y esa amplitud técnica se pone al servicio de un único protagonista: la pintura, que fluye con libertad sin perder el dominio de la escala.
¿Qué es para ti el arte?
El arte es un estado profundo del alma humana, y está en todos nosotros. Es una práctica física, mental y espiritual; cuando se dan esos tres factores empieza el verdadero juego. Si uno falla, se nota en el resultado. El equilibrio entre esos tres pilares es fundamental.
¿Cómo sabes que un cuadro está terminado?
Cuando logras un equilibrio entre lo que buscabas y el resultado. Tan importante es saber parar como saber seguir. El cuadro debe ser una imagen sólida, directa y contundente; que te permita evadirte y sumergirte en lo más profundo tu subconsciente.
¿Qué sería lo ideal al contemplar estas obras?
Que funcionasen como un detonante del mundo interior del espectador, un disparador de imágenes en su cerebro. Como cuando leemos un buen libro y perdemos el hilo porque la imaginación ha volado a otra parte; luego toca releer para retomar el camino del escritor, pero esa evocación, a veces, vale más que la propia historia.
Me gustaría que el espectador pudiera disfrutar de la obra y, al mismo tiempo, bucear en sus pensamientos más profundos; que mi trabajo fuera un compañero de viaje, algo estimulante y a la vez sereno, donde pueda relajarse y dejar fluir su imaginación.
Pasear entre estas obras puede ayudar a calmar la mente y de algún modo, detener el paso del tiempo. La contemplación es un placer que puede repetirse una y otra vez, y así los cuadros adquieren nuevos significados con los años. Nunca se terminan: se regeneran, igual que nosotros mismos.
La muestra reúne obras de temperamentos muy distintos. ¿Cómo se conectan entre sí?
La diversidad es fundamental: un abanico amplio, desde las obras más explosivas hasta las más sosegadas, sin que todas sean explosivas ni todas contemplativas. Lo ideal es una transición en la que la pintura fluya como la música o la naturaleza, y que la mirada pasee con facilidad de un cuadro a otro, generando una sensación inmersiva, en un lenguaje visual poético, musical y evocador.
Háblanos de tus objetivos artísticos.
Mi único objetivo es sacar fuera de mí los cuadros y las imágenes más brutales que llevo dentro, ya sea en forma de pintura, escultura, video o el medio que sea. Con la imaginación sería suficiente, pero creo que es bueno producirlos, como reto personal: demostrarte a ti mismo que todo lo que sabes de técnica puede estar al servicio de tu imaginación.
Unir la fuerza de la vocación con la ambición de dejar el mejor trabajo posible puede ser útil tanto para uno mismo como para generaciones venideras. Ya que todos formamos parte de un mismo tablero, como fichas de dominó que pueden aportar algo en muchas direcciones.
En cualquier caso, pinto para morirme tranquilo: para sacar de mí el conjunto más sólido y contundente que llevo dentro. Es un desahogo vital y artístico. Un reaprendizaje continuo. Como en el dibujo del viejo Goya: «Aun aprendo».
¿Cómo te describirías?
Tiendo a la introspección y no puedo evitar ser quien soy: un solitario que se aleja del ruido para escucharse pensar, dialogar con uno mismo y tratar de evolucionar y aprender siempre. Trato de ser feliz con lo mínimo y mantener la expectativa a ras de suelo.
No sin angustia ni esfuerzo, creo haber encontrado la manera más directa y contundente de canalizar las imágenes que llevo dentro. Y darles forma mediante el trabajo diario. Pintar, vivir y tratar de ser feliz como quimera inalcanzable.
¿Qué cualidad debería tener una obra de arte?
Misterio. Creo que las mejores obras de arte son las que aún hoy encierran un misterio indescifrable, incluso para su propio creador. Ese misterio inexplicable es fundamental para intentar lo imposible y mantener vivas la imaginación, las ganas y la vocación por un trabajo que solo puede hacerse por amor al arte.
Hablas de una «tercera vía».
¿A qué te refieres?
A una pintura que no es figuración ni abstracción en el sentido convencional. La abstracción habitual parte del mundo exterior: el artista toma, por ejemplo, un paisaje y lo transforma. Lo convierte en algo abstracto. Incluso en los cuadros más abstractos de De Kooning, si los mirásemos con atención un buen rato, terminaríamos encontrando la figura que esconden: mujeres desnudas, paisajes, mares con barcos.
La mayoría de mis cuadros nacen al revés, de dentro hacia fuera, sin apoyo del mundo exterior. Surgen de un chispazo mental, de un gesto espontáneo que se convierte en punto de partida. Posteriormente viene el juego racional: selecciono los mejores bocetos y los llevo a gran formato. Tratando de darles nueva fuerza y resolviéndolos con mayor espontaneidad. Creo que seguiría haciéndolo, aunque estuviera aislado en una habitación blanca; antes o después surgirían nuevas cadenas de cuadros.
A partir de un solo boceto podría intentar desarrollar una serie de obras en cadena corta, media o larga, y luego saltar a otro guiado solo por el instinto. Al cerrar una familia hago una transición hacia algo más ligero, más aéreo, que desintegra la serie anterior y abre otro grupo de imágenes que a veces logran sorprenderme y me convierten en el prime espectador.
Suelo empezar por cuadros muy contundentes y poco a poco los voy aligerando hasta llegar a los silencios, como en la música: cuadros casi vacíos, los más cercanos al abismo, a la levedad del ser y al vacío de la existencia. Así el recorrido atraviesa todas las emociones humanas, desde la pura descarga física hasta la contemplación meditativa.
COMENTARIO DE MARÍA MILIÁN, CURADORA
Para Match Point, Gaztelu reúne imágenes de fuerza y dinamismo, resueltas en un estilo a la vez aéreo y contundente que parece flotar sobre la superficie del lienzo: la primera lectura es inmediata, pero la obra retiene al espectador mucho después.
En ellas se percibe, además, un diálogo entre Oriente y Occidente. El conocimiento de la tinta y del trazo de gran escala de la tradición oriental convive con la pincelada batida y gestual de la pintura occidental del siglo XX, en la estela de Picasso, De Kooning o Baselitz.
No se trata de citar maestros, sino de una genealogía asumida desde la cual el artista construye su propio idioma.
Ese cruce, sostenido por un oficio exigente, es quizá la clave de una obra que se piensa a sí misma como un todo interconectado y que, como la pelota suspendida sobre la red que le da nombre, se juega en cada lienzo su instante decisivo.
María Milián / Xabi Gaztelu
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MUSEO ARTE HISTORIA DE DURANGO
Exposición Individual
29 Septiembre 2024